Visita al museo de El Prado, Abril de 2021

En la actual situación de medidas anticovid-19 , el museo no está completamente abierto pero tienen una parte de la colección permanente abierta con el nombre de ‘El reencuentro’ y otra temporal de ‘Pasiones mitológicas’.

Aprovechando la baja afluencia de público realicé una visita para ver las exposiciones abiertas. La de ‘Pasiones Mitológicas’ es pequeña y se ve en poco tiempo, es interesante y tiene una pequeña pero buena recopilación de obras relacionadas con el tema.

En la de «El reencuentro» han seleccionado un buen número de obras de lo más selecto del museo, organizadas por orden cronológico, ocupan unas cuantas salas en la planta baja y alrededor de una amplia galería de la planta 1. Recorrerla sin detenerse mucho puede llevar fácilmente 3 horas.

La verdad que, al revisitar el museo, después de hace mucho tiempo, me impresionó muy agradablemente la sensación de ver las obras en ‘presencial’.

Las obras que a continuación comento, me sorprendieron por su viveza, frescura y composición.

Al clicar sobre las imágenes se abre ventana con la reseña oficial de la web del museo.

«El descendimiento» de Roger Van der Weyden, 1435

Parece una obra más, de motivo religioso, pero me impactó la impresión de volumen de los cuerpos, la técnica utilizada para pintarlo contrapone colores tenues de la piel o las figuras sobre colores de fondo obscuros que consiguen un efecto de volumen muy vívido. Fijaos en la parte del hombro de Cristo sobre el fondo de una túnica obscura.

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«El jardín de las delicias» de El Bosco, 1490-1500

Ubicado en la exposición temporal de «Las pasiones mitológicas». Las obras de El Bosco aun siendo del siglo XV, sorprenden por sus representaciones tan fuera de lo común para esa época- Sus trípticos son de una riqueza de personajes y escenarios a cuál más curioso. Sin lugar a dudas un adelanto premonitorio del surrealismo y el estudio del subconsciente.

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«El Cardenal» de Rafael, 1510

Un retrato que sorprende por su realismo, según se comenta en la propia cartela de la obra, pretende conseguir un halo de enigma al modo de la conocida obra de Leonardo Da Vinci «La Gioconda». Para conseguir un cierto efecto enigmático en la mirada del personaje, utiliza una especie de difuminación en la pupila del ojo izquierdo del retratado que dota al retrato de un efecto especial.

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«El lavatorio» de Tintoretto, 1548

Sorprende la frescura de la escena, su composición y colorido. Aunque el tema central de la obra es Cristo, este queda colocado en la esquina inferior derecha. La obra está planteada como una perspectiva en diagonal que va de esquina superior izquierda a inferior derecha. Un planteamiento innovador para trabajar la perspectiva y presentar diferentes planos en una misma escena.

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«Retrato ecuestre del Duque de Lerma» de Pedro Pablo Rubens, 1603

Sorprende el colorido del cielo de fondo tras las crines del caballo, el cual tiene un aspecto demasiado humanizado, al modo de una frondosa melena y una mirada casi femeninas.

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Las lanzas o «La rendición de breda» de Velázquez, 1635

Curioso el efecto de los personajes que miran «a cámara», un recurso que utiliza Velázquez en otras obras y que acentúan la sensación de realismo y frescura a las escenas que representan.

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«Los borrachos» o El triunfo de Baco, de Velázquez, 1628

Al igual que en «La rendición de Breda», la obra capta a modo de instantánea una escena, que aunque sea de temática mitológica, parece una escena cotidiana. También utiliza la técnica de que algunos de los personajes miran directamente el pintor.

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«La fragua de Vulcano» de Velázquez, 1630

Esta obra sorprende por el dominio de Velázquez para realizar un completo estudio e anatomía. Utiliza ‘el truco’ de colocar a los personajes en diferentes posiciones y posturas que muestran la anatomía del torso desde diferentes perspectivas: torso frontal, brazos, espalda.

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«Las Meninas» de Velázquez, 1656

En esta obra maestra, Velazquez utiliza múltiples recursos para incluir en la escena a varios personajes que no son parte central del retrato, pero que lo adornan y añaden contenido al retrato. Así mismo, este juego le permite utilizar su recurrente ‘truco’ de los personajes que miran ‘a cámara’, como si de una instantánea se tratase.

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«Adoración de los pastores», de El Greco, 1612

Impresiona el uso de la luz y los colores para resaltar los rostros de los personajes.

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«El martirio de San Felipe» de Jose de Ribera, 1639

Impresionante el estudio anatómico de brazos y piernas.

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«Sagrada Familia del pajarito», de Murillo, 1650

En general la obra expuesta de Murillo, pone en relieve, como utiliza en sus obras un foco de luz, al modo de lo que hoy día en cine sería el uso de la iluminación, para destacar la parte concreta de la escena o el personaje.

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«San Antonio de Padua con el niño Jesús» de Giambattista Tiepolo, 1767

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Detalle de desconchón en la esquina de la puerta con ladrillo por debajo.



«Carlos IV», de Goya, 1789

Sorprende la expresión de la cara del retratado, muy realista y natural.

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Boceto de Francisco de Paula Antonio de Borbón y Borbón-Parma, infante de España, Goya, 1800

Boceto para el cuadro de «La familia de Carlos IV», expresión pilla y curiosa.

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«La torre de las damas en la Alhambra» de Martín Rico y Ortega. 1871

Posee una luminosidad espetacular que da un realismo muy conseguido a la obra.

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